Seres humanos. Protagonistas de la historia y objeto de estudio, directo o indirecto, de todas las ciencias sociales. "Animal político" de existencia relativamente nueva en el tiempo de vida de este planeta. Inmensamente complejos, intentando todo el tiempo caber en clasificaciones y estructuras, en análisis de todo tipo. Algunos afirman que lo que nos diferencia es nuestra inteligencia biológica superior, otros la capacidad de creación que nos convierte en entes culturalmente dependientes. Yo deseo destacar que como seres humanos, poseemos un inmenso poder que permite tanto el hacer milagros como destruir todo a nuestro paso. Poder: palabra que a la vez que nos define, deforma nuestra existencia.
El título de esta publicación es el mismo de una película francesa que se exibe en este momento en nuestras salas. Sin inmiscuirme demasiado en su trama argumental, lo que realiza la película es una crítica a como en el mundo actual somos dominados por elementos de los cuales no todos somos concientes. Intenta mostrar como la maravilla de nuestra humanidad se va perdiendo y convirtiéndose en la energía de una máquina que debe producir más y mejor a cualquier costo. Incluso el perder las riendas de la propia vida.
La importancia del contexto: palabras como capitalismo y globalización imponen hoy las reglas de juego universales. La mayoría es víctima de las creaciones de una minoría que maneja destinos a su antojo, avalados por su invisibilidad. Las grandes corporaciones económicas son los dioses egipcios, griegos, aztecas, de la posmodernidad. Se le rinde culto a sus decisiones y mandatos en las altas escalas de la jerarquía piramidal, y como en las civilizaciones antiguas, si la base de la pirámide no responde como se le indica, además de la cotidiana opresión, sufre una muerte "justificada". ¿Cómo el ser humano, tan elogiado por su propia vanidad, repite sus prácticas suicidas una y otra vez? Es que la sed de poder corrompe y potencia el pensamiento de quienes son maestros en el arte de dominar, esclavizar, matar.
El film me dio pie para recalcar sobre un punto que como comunicadores no podemos olvidar: cada cosa tiene un nombre, un significado, y al dejar de llamarlas por el suyo propio disfrazamos su verdadero alcance y sentido. Imitamos el lenguaje del amo, y la neutralidad nos niega como personas. Hablemos con propiedad: no neguemos ni el espanto, ni la belleza. Es, en mi humilde opinión, el primer paso que debemos dar para constituirnos como verdaderos hacedores de nuestro destino.
(Para conocer la trama de la película o ver su trailer: http://www.escribiendocine.com.ar/Estrenos/cuestion_humana.html)
Analía - http://www.vivirsoniando.blogspot.com/
lunes, 16 de junio de 2008
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